Se está planteando fabricarlos con bioplásticos o materiales biodegradables, para que de esta manera se reduzca el impacto ambiental general.
Para muchas personas, uno de los mayores cambios recientes que han sentido al ir al supermercado ha sido que, al comprar una botella de agua, tienen que “pegarse” con el tapón. Esta medida, que fue implementada para garantizar una mejor sostenibilidad ambiental, viene acompañada de algunas más.
La novedad que se puede considerar más relevante es la introducción de materiales más fáciles de reciclar y que minimicen el uso de plástico virgen. Las nuevas botellas se caracterizarán por un cuerpo más delgado y ligero, pero sin comprometer la resistencia mecánica necesaria para el transporte y el uso diario.
También se está extendiendo el uso de plástico reciclado en grandes cantidades, para que de esta manera se impulsen regulaciones que incentiven la adopción de materiales secundarios. Todo esto se hace con el objetivo de alcanzar en 2030 un porcentaje significativo de plástico reciclado en las botellas, consiguiendo de esta manera un modelo de economía circular.
A pesar de que muchas personas lo odien, el tapón no extraíble ha sido un paso fundamental para mejorar el reciclaje, dado que evita que este material, a menudo hecho con componentes distintos de la botella, se separe y disperse.
Nuevas novedades en el tapón
Las empresas están trabajando para fabricar tapones integrados con sistemas de cierre más innovadores, garantizando de esta manera la seguridad del producto, pero también su facilidad de apertura y reutilización.
Entre las novedades que se plantean en el tapón, algunas son los fabricados con bioplásticos o materiales biodegradables, para que de esta manera se reduzca el impacto ambiental general.
Cita: David Cuéllar, AS Diario
